sábado, septiembre 13, 2008

PUTOFOBIA (III)

Debemos estar en manos de gente que vale poco; al menos eso se deduce del cartel que el Ayuntamiento de Sevilla ha distribuido por muchos puntos viarios de la ciudad. Yo, al menos, lo entiendo así, porque uno da por hecho que su campaña no va dirigida contra los obreros que sostienen, con sus votos, al consitorio sevillano; ni contra los jubilados que recuerdan, con nostalgia, los últimos suspiros del débito conyugal; ni siquiera contra los que buscan la compañía de jóvenes chaperos, porque ahora es políticamente correcto buscar alivio por donde más duele.
No hay más que ver los pantalones y la camisa de diseño del que aparece en el cartel para darnos cuenta de que quien pone la mano en la cintura de la prostituta es un tío con posibles y no un mileurista con un contrato de mierda y una hipoteca de muerte. Se ve a si mismo, por tanto, como una persona con clase que ha tenido fortuna en los negocios, o en la política o en otros ámbitos de la vida pero con poca suerte en el amor que otros llaman simplemente sexo. Este individuo vale poco, aunque sea un empresario con miles de trabajadores en nómina, o un currículum de demócrata de toda la vida o con grandes perspectivas en la carrera policial. Al menos es lo que parece decir el cartel del Ayuntamiento de Sevilla. Vale poco aunque pague mucho, o, a lo mejor, se refieren a que poco vale el que paga poco, que eso, claro, ya es otra cosa.
Si vale poco el que poco paga pero vale mucho el que lo hace con creces, estamos aplicando, sin duda, un rasero diferente para diferentes tipos de prostitución. De modo que hay que entender que, si vale poco el que frecuenta las prostitutas callejeras, hoy perseguidas, vale mucho menos quien tiene dinero e influencias de sobra para pagarse los servicios de una meretriz de lujo que siguen, como siempre, anunciándose en los papeles. Y en ésto, al Ayuntamiento de Sevilla, hay que darle la razón.

Felipeángel(c)

No hay comentarios: