martes, junio 19, 2007

DE LOS ESCRITORES: USOS Y COSTUMBRES

Hablo de usos y costumbres de los escritores pero, tal vez, debería decir "manías", aunque imagino que pocos las tendrían por tales.
Algunas unicamente tienen que ver con el simple acto de escribir pero otras responden a puestas en escena largamente estudiadas, bien porque les traen suerte, bien porque les ayudan a concentrarse en su trabajo. En todo caso unas y otras son tan importantes para ellos que, si no las hubieran tenido, tal vez no habríamos podido leer muchas de sus obras porque no las habrían escrito jamás.
Camilo José Cela es uno de los escritores que solía desvelar su modus operandi. Es sabido que siempre escribía a mano, con una estilográfica que mojaba continuamente en el tintero porque no sabía cargarla. Su letra era menuda y la mayoría de sus manuscritos contienen un gran número de correcciones.
Montserrat Roig cuenta en su libro "LOS HECHICEROS DE LA PALABRA" que Cela, en su casa del barrio de la Bonanova de Palma de Mallorca, trabajaba en tres obras a la vez en tres despachos que estaban a distinto nivel. Cuando se cansaba de una, cambiaba de mesa.
"OFICIO DE TINIEBLAS 5" la escribió en el despacho más pequeño, apenas un rincón de un metro y medio escaso, de cara a la pared y con un biombo negro detrás.
Se levantaba a las siete de la mañana y trabajaba hasta la hora de comer. Por la tarde, la siesta -el yoga ibérico, que solía decir- y vuelta al trabajo. Se acostaba pronto pero, en los meses del año que residía en Barcelona o Madrid, se iba de copas.
Otros escritores que acostumbraban a escribir por las mañanas fueron ALDOUS HUXLEY, WILLIAM BURROUGHS y VLADIMIR NABOKOV.
HUXLEY empezó a escribir a los 17 años, durante un periodo en el que estaba casi ciego. Escribió una novela por el sistema dactilógrafico. Trabajaba cuatro o cinco horas diarias; a veces, después de la cena. Su libro más conocido, "UN MUNDO FELIZ", empezó como una parodia de "MEN LIKE GODS", una obra de H.G. WELLS.
BURROUGHS escribía después de desayunar, desde las 9´30 a las 2´30; comía un sanwich, acompañado por un vaso de leche, y continuaba trabajando hasta las 6 o las 7 de la tarde. Lo hacía a máquina y combinaba sus escritos con fotografías que recortaba de la prensa diaria.
NABOKOV también se levantaba temprano, escribía sobre fichas rayadas de cartulina que iba aumentando y arreglando gradualmente hasta que acababan convertidas en novelas; lo hacía a mano, con lápices bien afilados, no muy duros, con capuchón de goma para borrar.



Esta manía por los lápices es un rasgo común en otros escritores.
JOHN STEINBECK
utilizaba lápices Calculator negro y Mongol 23/8F pero prefería antes que ninguno los lápices marca Blackwings. Todos debían ser redondos; en ningún caso hexagonales. ERNEST HEMINGWAY afilaba lápices para motivarse y, luego, escribía la primera copia a mano, sobre papel cebolla, y la segunda, de pie, a máquina, que estaba puesta sobre un atril, casi siempre por la mañana temprano. También T. S. ELIOT y JOHN DOS PASSOS solían escribir la primera copia a mano, con lapiz y papel, y la segunda, a máquina, operación que, en el caso del poeta inglés, acostumbraba a realizar su mujer.



















Entre lo que podríamos considerar rarezas está la de MARCEL PROUST, que, según NABOKOV, se dedicaba a decapitar ratas cuando no podía dormir, o la de HONORATO DE BALZAC, que escribió "LA COMEDIA HUMANA", por las noches, en un cuarto secreto de París, vestido con hábito de franciscano. Para mantenerse despierto bebía litros de café.
A SCHILLER, el poeta romántico, le gustaba meter manzanas en un cajón para ver cómo las iba pudriendo el tiempo e inspirarse con el olor de la fruta descompuesta.
JEAN PAUL SARTRE, el filósofo existencialista, medía 1´57 metros; a los cuatro años una gripe mal curada lo dejó tuerto.
"Necesito disfrutar de la compañía de las mujeres para aliviarme de mi fealdad"-solía decir-; de modo que llegó a tener hasta cuatro amantes al mismo tiempo.
A principios de los años 60 bebía un litro de vino durante sus almuerzos, fumaba dos paquetes de cigarrillos y su consabida pipa de tabaco negro; le daba al vodka, al whisky y a la cerveza; se tomaba 200 miligramos de anfetaminas, 15 gramos de aspirinas y varios más de barbitúricos, con su correspondiente té o café. Con una vida tan agitada, escribiendo y dando clases, cualquiera no hubiera llegado ni a los sesenta años: SARTRE llegó a los 75.












THOMAS MANN
tenía en su estudio frascos de colonia, palanganas con agua de violetas, que utilizaba para lavarse, de cuando en cuando, las manos, al contrario que RIMBAUD, que se lavaba poco y, a veces, escribía desnudo.
ROBERT GRAVES
consideraba que, para pensar, era conveniente estar rodeado de objetos hechos a mano, y KEROUAC, durante el proceso de creación de "DOCTOR SAX", adquirió el ritual de prender una vela y trabajar a su luz, apagándola cuando había terminado su labor literaria nocturna.
TORRENTE BALLESTER escribía de 6 a 9 de la tarde y corregía a la mañana siguiente, en un café.
PLA
desayunaba café y whisky.
"Usted escriba -decía- pensando que este papel será válido al cabo de diez años. Si no, todo se pierde".
Y UMBRAL, ahí lo vemos, agarrado al mito de su máquina Olivetti, que debe tener aún más callos que sus dedos.

Felipeángel (c)


1 comentario:

antonio salgado nolasco dijo...

Don Gonzalo Torrente Ballester acudía al Cafe Novelty de Salamanca a escribir.