viernes, agosto 06, 2010

EL ESPAÑOL EN CRISIS


EDWARD HOOPER: "Nighthawks"- 1942

El español, cuando está en crisis, no termina en el diván del psicoanalista sino en la barra del bar de la esquina, que está más cerca y sale más barato.

- A ver, melenas, ponme una caña, que estoy en crisis.

Que a un camarero calvo le puedas llamar melenas es un aliciente añadido porque nadie entra en la consulta del psicólogo diciéndole:

-A ver, melenas, dame un ansiolítico, que estoy en crisis.

Para un español que está en crisis el diván le repele y la barra de un bar le atrae; el psicoanalista le escucha pero el camarero le atiende y, a veces, entre caña y caña, le entiende.

-Tú me entiendes ¿no?
-Claro, hombre, que te entiendo.

Además, el nivel de confianza es diferente. Si el español que está en crisis se decide por el tratamiento psicológico, el profesional se la cede; si entra en un bar, inmediatamente se la toma; si al camarero le trata, sin más preámbulos, de tú, al psicoanalista lo hace de usted, y si la ronda de sus penas con alcohol le sale por 20 euros, es un decir, la de la consulta, sin estimulantes añadidos, le puede salir por 100.
Ante esta situación los sindicatos del gremio de la hostelería deberían plantearse muy seriamente incluir en los próximos convenios algunas cláusulas de penosidad que incentivaran económicamente esta labor terapéutica, porque no es lo mismo servir raciones y cervecitas a clientes sanos que whiskies y gin-tonics a pacientes enfermos.
Si uno es asiduo de los bares y un poco observador se habrá dado cuenta de que antes lo habitual era ver a un pobre cornudo dándole la tabarra al camarero de turno porque su mujer se la está pegando con otro pero ahora son muchos los yuppis y desocupados que ahogan la imposibilidad de seguir manteniendo su nivel de vida en una copa de ron o en un doble de cerveza.
Ver a unos y a otros en el trance de hablar bebiendo nos hace, al principio, preguntarnos qué clase de tropa ejecutiva o de obrero especializado forma o formaba parte de las empresas de este país.
Cuando uno los ve en ese estado de ruindad física y mental, soltando peroratas sobre la bolsa, el marketing o la cuenta de resultados como si estuvieran en el parquet, la oficina o la sala de juntas, lo que uno se pregunta a continuación es en manos de qué clase de individuos están las empresas de este país y cómo es posible que salgan adelante cuando sus ejecutivos o sus obreros especializados van a la deriva en sus vidas, flotando en un mar de alcohol, cansancio e inseguridad.
Es cierto que el alto nivel de educación conseguido con los últimos planes de enseñanza ha predispuesto a algunos individuos a ponerlo en práctica, actuando violentamente contra la clase médica, pero son muchos más los camareros víctimas de los malos tratos por españoles en crisis que buscan ser escuchados a toda costa, sea un interlutor con título académico o un mesero con estudios primarios.
El español que está en crisis pasa así su vida, con más pena que gloria; entre pastilla y pastilla, los sobrios; entre caña y caña, los alterados. Los hay quienes se levantan del diván como Lázaro de la tumba, y quienes se apalacan en la barra del bar, durmiendo la mona de sus miserias como un perro enfermo y apaleado.
Ante esta situación, el profesional de la medicina cierra su libreta, impasible, y el camarero calvo planta al cliente en la calle, barre en el local los restos del naufragio y mientras exclama: "!jodida crisis y jodidas neuras!" se pregunta: "¿Cuándo pasarán?".
Tal vez nunca.

Felipeángel (c)

1 comentario:

Ele Bergón dijo...

En fin, ya sabes que el camarero tiene que ser, sin quererlo, bastante psicologo. Sin embargo el psicologo creo que no es nada camarero o ¿si? Seria para psicoanalizarlo.

Buen articulo, sabes de lo que hablas o en este caso, escribes

Un abrazo

Luz