viernes, agosto 02, 2013

PESPUNTES: "OLGA Y DAVID IN MEMORIAM"

No sé si existe la  Medalla al Mérito Ferroviario -imagino que no- pero deberían crearla para premiar la abnegación, el esfuerzo y la profesionalidad de Olga Buitrago y David Bernardo Monjas, los dos tripulantes fallecidos el pasado 24 de julio en el trágico accidente del tren Alvía 151. Desde su puesto de trabajo sirvieron a España como el mejor de sus soldados. Tenían acreditada experiencia en otros frentes; se formaron en los Ave que iban a Sevilla,  Málaga y Barcelona; montaron en los Altaria con destino a Cartagena o Algeciras; supieron dar buen servicio en los duros trenes de la serie 130 con destino Irún o Pamplona, y se dejaron la piel sacando adelante el tajo con eficacia, don de gentes y pundonor en todas las otras lineas de la red ferroviaria con servicio de prestaciones al viajero.
Quien piense que trabajar en un vehículo a más de 160 kilómetros por hora es fácil se equivoca; tampoco lo es hacerlo cuando  se va a 250. Cada tren tiene sus particularidades. En el Ave se trabaja a contrarreloj; hay que tener, por tanto, muy claras las directrices a seguir; Tanto Olga como David fueron JTs en los últimos meses, y ambos ejercieron su labor de mando con equidad, sin vanas prepotencias, asumiendo su papel con un sabia mezcla de compañerismo, eficacia y responsabilidad. Todas esas cualidades supieron ponerlas en práctica en los trenes de Largo Recorrido.
Imagino que aquel fatídico día del 24 de julio trabajaron intensamente en la cafetería del tren Alvia Madrid-Ferrol, relevándose de cuando en cuando para hacer más llevadero el viaje, atendiendo a los viajeros con esa educación exquisita que tanto ella como él tenían, poniendo sus esperanzas en la hora de llegada a una ciudad desconocida, a un hotel en el que nunca habían estado, en una merecida cena con manteles blancos, copas brillantes y un delicado confort de restaurante decimonónico.  No sabían si la habitación era sencilla, si la vista desde la ventana era placentera, si oirían gaviotas revoloteando por los tejados o el run-run del ascensor subiendo y bajando clientes con maletas, murmullos y sueño. Las ciudades quedan tan lejos pero cuando se está en ellas, las sentimos tan cerca, que Olga y David debieron pensar, a la altura de Santiago de Compostela, que ya tenían la ría al alcance de la mano, la pequeña estación ferrolana al alcance de los dedos, el suave clima de Galicia a flor de piel, pero su suerte cambió en un segundo y, con ella, la de todos  aquellos que les conocían, les trataban, les querían.
Yo los conocí, los traté y los admiré. Estas letras son un pálido reflejo de la pena que siento, una humilde aportación al recuerdo colectivo, un sincero homenaje a dos personas irrepetibles, amables, luchadoras.

Felipeángel (c)

1 comentario:

Ele Bergón dijo...

Siento tu dolor por la pérdida de tus compañeros y amigos. No sabemos cuándo, ni dónde,ni cómo nos iremos definitivamente, pero lo que sí es seguro es que dejaremos un gran tristeza en las personas que nos quieren y aprecian.

Lo siento de verdad

Un abrazo


Luz