martes, febrero 06, 2007

EL CEREBRO DE RUBÉN DARÍO

Entre los muchos retratos literarios que le hicieron en vida a Rubén Darío me gusta especialmente el de Osvaldo Bazil, poeta y embajador de Santo Domingo en México, en el año 1910 :

"(...) Pálido, marfileña la color, alto, grueso, abdomen abacial, ojos chicos y vivos, casi mongólicos, escrutadores; (...) manos magníficas, dedos finos, largos, perfectos; la nariz terriblemente ancha y fea, los labios finos, tenuemente rosados..".

Seis años después, cuando se acercaba el día de su muerte, el 6 de enero de 1916, el retrato que hace de él Francisco Huezo es otro:

"El poeta estaba pálido. Aparentaba más de sesenta años, tenía el abdomen abultado y los párpados gruesos y caídos".

Lo cierto es que no tenía más de 49 años cuando murió pero su vida de dipsómano envejeció su cuerpo y apagó su genio hasta límites insospechados. La puntilla final probablemente se la dieron los médicos, entre ellos Luis H. Debayle, que terminó haciéndole la autopsia.

Dice Ian Gibson en su libro "Yo, Rubén Darío" :

"Aquella misma noche el doctor Debayle y su compañero procedieron a hacer la autopsia y el embalsamamiento de mi cuerpo. Conservaron el corazón pero las otras vísceras fueron enterradas en el cementerio de Guadalupe, al lado del sepulcro de la tía abuela Bernarda. No contentos con lo hecho, los dos médicos extrajeron una horas después mi cerebro, y Debayle, diciendo que lo quería para hacer un estudio, se escapó con él. Andrés Murillo, al enterarse de lo sucedido, le hizo detener por la policía y hubo un altercado brutal. Mi cerebro fue depositado en la Dirección de la Policía en espera de una decisión del Gobierno. Éste resolvió entregárselo a Rosario, quien, a su vez, lo confió a otro médico rival de Debayle."

Esta es una de las versiones pero hay otras.
El "Diccionario de literatura española e hispanoamericana", dirigido por Ricardo Gullón, dice:

"Regresó (a Nicaragua) para morir, muerte triste, seguida de una disputa sobre la propiedad de su cerebro entre el médico que le atendía en su última enfermedad y el hermano de su mujer, Andrés Murillo. El cerebro del genio quedó destruído."

La página de internet http://www.manfut.org/museos/rubendario.html nos da más detalles sobre este asunto, que se fue complicando con el paso de los años:

"Sus restos mortales descansa en el suelo sagrado de la catedral metropolitana de León pero su cerebro quedó bajo la custodia del Sabio Dr. Luis Henry Debayle, suegro de Anastacio Somoza García. (...)

El 30 de julio de 1979, Narciso Lacayo, sandinista rabioso, (...) violentó la casa de doña Emelina Tercero de Debayle, tía política de Anastacio Somoza de Debayle, quien solía visitarla de forma frecuente, procediendo al saqueo de la misma. (...)
Parte del botín fue un misterioso frasco conteniendo un cerebro humano, !el cerebro de Rubén Darío!, y desconociendo el valor histórico del mismo, (...) procedió a entregarlo a la oficina de la recién nacida organización sandinista. (...)
Otro dato curioso es que el Cerebro fue requisado por la patrulla de los Marines (se refiere, creo yo, a 1916) y que el mismo fue robado de la Comandancia y no se volvió a ver hasta el 30 de julio de 1979 y en la casa de un heredero del Dr. Debayle. (...)"

En http://www.diariocolatino.com/tresmil/3000-786.pdf encontramos una descripción de los echos de primera mano. El autor del artículo, Carlos Alberto Saz, recoge el testimonio de quien fue, con 12 años, el asistente personal de Rubén Darío, D. Luis A. Valle Romero, en sus últimos meses de vida:

"(...) El 6 de febrero estaba muy grave. Casi no respiraba. Llegó a darle los santos óleos el padre Felix Pereira y esa noche murió.
Como a las nueve y media del día siguiente le hicieron la autopsia y las vísceras fueron guardadas en una caja. De la Universidad de León llegaron a pedir un riñón y se los dieron.
Al día siguiente decidieron sacarle el cerebro. Acostaron el cadáver en una mesa. El doctor Debayle echó el cerebro en glicerina y se lo llevaba para estudiarlo cuando llegó Andrés Murillo, y hubo un pleito. Hasta balazos disparó al aire la policía. Doña Rosario estaba en la puerta viendo el pleito y yo me quedé solo con el cadáver, que tenía el pelo desprendido y le colgaba detrás de la cabeza. Llevaron el cerebro donde un señor Blandón que era prestamista.
Después de unos días nos regresamos doña Rosario, Ramona Rojas y yo a Managua. Después fuimos a Granada donde el doctor Martínez, para que viera el cerebro; lo llevaba doña Rosario. Fue la última vez que lo ví. Ella me dijo que lo había enterrado en la casa donde vivía, pero nunca he creído esa historia."



A Rubén Darío lo enterraron siete días después de su muerte en la catedral de León, cumpliéndose, con ello, las propias palabras del poeta:

"Ya que mi patria no me guardó vivo, que me conserve muerto."



Recopilación: Felipeángel (c)



2 comentarios:

edmundo montenegro dijo...

esta magnifico el estudio spero sigan sacando mas importante imformacion sobre ruben dario aqui le dejo mi correo para estar en contacto o mas bien como aprarezco en facebook. edmond dantes
espeor saber de ustedes pronto saludos y felicidades.

edmundo montenegro dijo...

los felicito esta muy buena la imformacion da credibilidad a la que tengo y he obtenido nuevas espero saber de ustedes pronto felicidades.