sábado, octubre 03, 2009

MALEDUCADOS OLÍMPICOS


MALEDUCADOS OLÍMPICOS


No hace mucho tiempo una compañera de trabajo me comentó que iba a prepararse para entrar de taquillera en Metro de Madrid porque no estaba obligada a dar los buenos días.

Uno acostumbra a ir, de vez en cuando, a las bibliotecas del barrio para leer la prensa o a sacar algún libro de préstamo y, al dar los buenos días, el bibliotecario de turno se comporta, a veces, como la taquillera a la que aspira ser mi amiga y casi nunca responde, como si la mala educación fuera una asignatura habitual que se exige, de entrada, en las empresas municipales para trabajar de cara al público. Uno piensa, entonces, que así no hay manera de que nos den unos Juegos Olímpicos ni nada; que por mucho que se quiera convertir a la urbe madrileña en una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, si no se pone especial empeño en enseñar a los funcionarios las mínimas normas de cortesía para atender a los usuarios habituales y a quienes nos visitan, lo demás carece de importancia aunque se ponga mucho énfasis en que la tenga.

Algunos alegarán, para justificarse, que hemos perdido una oportunidad histórica porque se cruzaron por el camino intereses espurios que minaron las posibilidades de nuestra Candidatura, pero no nos engañemos; lo más probable es que un camuflado comité del COI haya sentido en sus propias carnes el primoroso trato de algunos conductores de la EMT, siempre dispuestos a frenar el autobús como lo haría Fernando Alonso; o el de muchas taquilleras del Metro,que te atienden mientras hablan por el móvil; o la fina elegancia de gran parte del colectivo de taxistas, tan hábiles como interesados en darte un viaje turístico por la ciudad aunque vayas a Urgencias; y, al presentar sus conclusiones al Comité Examinador, le hayan dicho: “Por Madrid, ni se acerquen. Parece una ciudad amable pero sus funcionarios son incapaces de dar los buenos días”.

¿Qué les hubiera costado a los gerifaltes del Ayuntamiento promover unos cursos de atención al público? Nada, apenas nada; tal vez pensaron que las grandes obras estaban por encima de las elementales normas de cortesía, en el trato diario, entre los empleados municipales y los ciudadanos; que el necesario gasto en equipamientos deportivos iba a resultar más rentable que el trato cortés que se supone deben dar quienes trabajan, por ejemplo, detrás de una ventanilla, en las Juntas Municipales, o en los ambulatorios de la Seguridad Social.

Dejémonos de mitos y de lugares comunes; no repitamos, como un loro, que Madrid es una ciudad abierta, simpática, y acogedora, porque no es verdad; al menos no lo es para el que la sufre y la padece, que somos muchos de los que la habitamos.

Cambiarán las aceras de las calles, el lugar de las fuentes y el pedestal de las estatuas, y pensarán que están cambiando la ciudad. No es cierto; la ciudad cambiará cuando cambien los cimientos de la mala educación municipal, que a todos nos afecta y a muchos, como yo, nos cabrea.


3/10/09

FELIPEÁNGEL (c)

1 comentario:

niknik dijo...

Buenos dias!!!Estoy de acuerdo completamente contigo. Entre eso y que no sabemos mover las caderas, lógico que se lo hayan dado a Rio.