Para darme en qué entender, ofrecéis a mi elección tres bellas cosas que son sueño, dinero o mujer. Oíd, pues, mi parecer en este ejemplillo suelto: su madre a un niño resuelto sopa o huevo le ofreció, y el niño la respondió: Madre, yo... todo revuelto. Mas si acaso os empeñáis en que de las tres escoja, la dificultad es floja, a verlo al momento vais. Espero no me tengáis por grosero, si a decir me preparo, por cumplir, la verdad sin fingimientos; que dicen los mandamientos el octavo, no mentir. No será de mi elección la mujer... porque, yo sé que es ella de modo... que... los hombres... pero, ¡chitón!, la tengo veneración; y por mí no han de saber que para mejor perder el diablo a Job su virtud, le quitó hijos y salud y le dejó la mujer. Sueño, sólo he de querer el preciso a mi persona, porque a veces la abandona cuando más lo ha menester. Cosa es que no puedo ver, de todo forma una qu...