Un compañero asturiano, con un pie en la jubilación, me contaba ayer la historia de una familia humilde de su aldea, campesinos pobres que a fuerza de trabajo lograban sacar de sus tierras lo necesario para malvivir; así un año tras otro, pudieron pagar lo justo para que les quedara en el futuro un pequeño subsidio agrario. Hace unos días se encontró a uno de ellos por las calles de Oviedo , se saludaron y, al preguntarle que qué tal le iba, le dijo, ya ves, aquí, cobrando la fatalidad. Hoy miles de españoles en paro cobran la fatalidad, esos cuatrocientos euros que les ayudan a afrontar sus penalidades diarias sin caer definitivamente en el umbral de la pobreza; si tienes alguna ayuda familiar, dice la ministra, si tus padres o tus abuelos, que te acogieron otra vez en su casa porque la crisis te dejó en la calle, sin dinero para pagar el alquiler o, sencillamente, desahuciado por el banco al no poder hacer frente a la hipoteca, si t...