Desde que Ana Botella nos invitó a todos, madrileños y foráneos, a disfrutar de un relaxing cup of café con leche en la Plaza Mayor, no me he animado a probarlo, pero ahora que al habitual ambiente de mendigos, pedigueños y camareros dispuestos a cobrarte el pincho de tortilla al precio de una ración de jamón de pata negra se ha unido el maravilloso espectáculo de las basuras cubriéndolo todo por doquier, tal vez me anime y disfrute de ese delicioso café con churros congelados mientras contemplo alguna que otra rata merodeando por los alrededores o ciento de palomas picoteando los detritus de una población que cada vez come peor, salvo contadas y ricas excepciones. No hay como las nuevas ideas; si no servimos para organizar unas olimpiadas, tal vez sirvamos como laboratorio de múltiples estudios científicos o como plataforma de las más innovadoras creaciones del art trash. Ya estoy viendo los titulares: " Madrid, cobaya humana"; "Madrid a la vanguardia de la ciencia...