Uno va a la Fundación Canal a ver una exposición hiperrealista y se da cuenta, nada más entrar en la sala, de que, por mucho que nos sugieran las esculturas de Duane Hanson, la realidad se sobrepone a la hiperrealidad cuando la vigilante jurado de turno, que no se llama Matt Wurtzi ni es de Wisconsin , como el policía creado por el artista norteamericano, te dice a bocajarro que no se puede pisar la línea, ni hacer fotos, ni tocar; una imposición que a uno le parece contradictoria con la idea básica del cotidiano vivir, donde puedes cruzar la línea, hacer fotos de todo lo que se menea o no, y tocar con los dedos de las manos una amplia gama de superficies, desde las suaves y sedosas hasta las que nacen del volcán del asco. De modo que el paseo se queda en eso, en una ronda vigilada donde cualquier comportamiento fuera de lo normal resulta sospechoso. No hay interrelación con las esculturas, tan increíblemente humanas que su modo de vestir, o su postura corporal, son suficiente...