EL HOMBRE DEL 38 Comencé el día viendo gente desagradable; esto no me ocurre con frecuencia, lo confieso -ya no suelo salir mucho- pero cuando pasa, como hoy, siempre me acuerdo de mi 38 escondido en el hueco de las arañas, allí donde convergen los tubos de la bañera y el humus del bacín, y pienso en su precisión; lo hago como quien duerme; tiene otras muchas cualidades, lo sé, pero, sobre todo, me agrada ésa, que se muestra preciso en todo momento, resulta tan seguro, cada disparo es tan certero que, aún desnudo sobre la cama y la habitación a oscuras, puedo cerrar los ojos y, a solas, recrearme en los posibles movimientos de la víctima propiciatoria y adivinar el punto exacto de su cuerpo donde meteré la bala. Tanta gente desagradable como he matado y siempre he visto la misma sonrisa de hiena en el último momento, sin color, flotando en un charco de sangre como un barco a la deriva, pero ya esto tampoco es muy frecuente. Por alguna razón que ignoro a la gente desagradable muer...