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Mostrando las entradas etiquetadas como mucho cuento

MUCHO CUENTO: ANDRÉ BRETÓN - "LA MALA MEMORIA"

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Me contaron hace tiempo una historia muy estúpida, sombría y conmovedora. Un señor se presenta un día en un hotel y pide una habitación. Le dan el número 35. Al bajar, minutos después, deja la llave en la administración y dice; - Excúseme, soy un hombre de muy poca memoria. Si me lo permite, cada vez que regrese le diré mi nombre: el señor Delouit, y entonces usted me repetirá el número de mi habitación. - Muy bien, señor. A poco, el hombre vuelve, abre la puerta de la oficina: - El señor Delouit. - Es el número 35. - Gracias. Un minuto después, un hombre extraordinariamente agitado, con el traje cubierto de barro, ensangrentado y casi sin aspecto humano entra en la administración del hotel y dice al empleado: - El señor Delouit. - ¿Cómo? ¿El señor Delouit? A otro con ese cuento. El señor Delouit acaba de subir. - Perdón, soy yo… Acabo de caer por la ventana. ¿Quiere hacer el favor de decirme el número de mi habitación?

MUCHO CUENTO. BENITO PÉREZ-GALDÓS - "2 DE MAYO DE 1808, 2 DE SEPTIEMBRE DE 1870"

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Joaquín Sorolla AUDIOLIBRO

MUCHO CUENTO: TEODORO BARÓ - "EL VIENTO"

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El viento El viento despertó aterido en la cima de la montaña más alta de la tierra, siempre cubierta de nieve. Su desperezar fue terrible, pues pareció que la   cordillera temblaba, y la nieve comenzó a rodar por las laderas, arrastrando cuanto encontraba a su paso. Luego el viento se agitó y rugió. -¡Tengo frío! Huyó del monte, dando saltos tan grandes como no los ha dado el animal más ligero. Los árboles más añosos se inclinaban a su paso. El viento no hacía más que tocarles y se doblaban. Al llegar a los valles sintió ya el calor de la carrera y continuó rugiendo y saltando. Otra montaña le cerró el paso, y después de haberla azotado como si quisiera derribarla, subió a sus picachos desgajando árboles y derrumbando rocas y saltó al lado opuesto. Allí estaba el mar. -¡Despierta, hermano, bramó el viento! ¡Aquí estoy yo! -¿Por qué vienes a turbar mi reposo? preguntó el Océano. -Quiero jugar contigo. Despierta. Y para desperezarle, el viento le sacudió con...

MUCHO CUENTO: TEODORO BARÓ - "LAS CEREZAS"

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Juanito tenía diez años; unos ojos grandes como manzanas y negros como moras y labios semejantes a su fruta favorita, las cerezas. Era aficionado a ellas con locura, y con ser tantas las que pesaban en las ramas de un cerezo que había delante de su casa, llevaba la cuenta de ellas, comiéndose todos los días las que estaban más maduras, no sin que algunas veces, por falta de medida en el comer, que todo la requiere en este mundo, y por pecar de goloso, que es cosa fea como todo pecado, hallaba en éste la penitencia y lo purgaba con indigestiones.  Cuando estaba en cama y a dieta, hacía formal propósito de enmienda, que duraba tanto como la indisposición, pues no tenía fuerza de voluntad bastante para abstenerse de lo que no le convenía. Si las cerezas gustaban a Juanito, también gustaban a los gorriones; y como en el elegir la fruta sazonada son maestros los pájaros, abrían con su pico un agujero en las más maduras y azucaradas y se recreaban comiendo y bebiendo a un tiempo....

MUCHO CUENTO: TEODORO BARÓ - "EL ZAPATERO REMENDÓN"

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En una callejuela estrecha, que no recibía de día más luz que la que lograba penetrar por el escaso trecho que separaba las altas y pobres casas de uno y otro lado; iluminándola de noche dos faroles que más bien parecían candilejas, pues encerrada en ellos despedía luz rojiza la torcida, anegada en aceite de mala calidad, sin lograr sus reflejos otra cosa que hacer más densas las sombras, vivía un zapatero remendón que tenía su tenducho en un portal bajo, húmedo y oscuro. Llamábase Francisco y se le veía durante todo el día, y a veces parte de la noche, encorvado sobre los zapatos, mejores para tirados que para remendados. Teníanle los niños mucha afición, que él les agradecía poco, pues consistía en molestarle; y al salir de la escuela, en vez de ir directamente a sus casas, tomaban por la callejuela y pasaban corriendo delante del tenducho, gritando:         Zapatero, zapatero, echa suela en el puchero; zapatero remendón, te has comido un gran ratón...

MUCHO CUENTO: JUAN DE TIMONEDA - "EL PATRAÑUELO" (III)

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Patraña dieciocho     Porque decía Claudino: «¡Dios os guarde de mal hombre!» Filemo, por propio nombre se enojaba de contino. Claudino, sastre, teniendo otro vecino calcetero delante su casa, llamado Filemo, cada mañana que le saludaba, después de «¡Buenos días!» y «¡Buenas noches!», le decía: -¡Dios os guarde de mal hombre y mala mujer, señor compadre! Tantas veces se lo dijo, que le respondió: -¿Qué me puede hacer a mí mal hombre, ni mala mujer, sabiéndome yo guardar? ¡Andá de ahí, no me lo digáis más, si me queréis tener por amigo! Por lo cual Claudino calló, y a cabo de días, amprole sobre una buena prenda dos ducados sin haberlos menester, los cuales le volvió el mismo día. Después, de allí a dos semanas, volviole a suplicar que le prestase cinco ducados, y Filemo se los prestó, no queriendo tomarle prenda ninguna; los cuales le volvió pasados tres días. Y de allí a muy poco tiempo le volvió a pedir prestadas diez piezas de oro, y también s...

MUCHO CUENTO: JUAN DE TIMONEDA - "EL PATRAÑUELO" (II)

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Patraña catorcena     A un muy honrado abad sin doblez, sabio, sincero, le sacó su cocinero de una gran necesidad. Queriendo cierto Rey quitar el abadiado a un muy honrado abad y dar a otro, por ciertos revolvedores, llamole y díjole: -Reverendo padre, porque soy informado que no sois tan docto cual conviene y el estado vuestro requiere, por pacificación de mi reino y descargo de mi conciencia, os quiero preguntar tres preguntas, las cuales, si por vos me son declaradas, haréis dos cosas: la una, hacer que queden mentirosas las personas que tal os han levantado; la otra, que os confirmaré para toda vuestra vida el abadiado; Y si no, habréis que perdonar. A lo cual respondió el abad: -Diga Vuestra Alteza, que yo haré toda mi posibilidad de haberlas de declarar. -Pues, ¡sus! -dijo el Rey-. La primera que quiero que me declaréis es que me digáis yo cuánto valgo; y la segunda, que adónde está el medio del mundo; y la tercera, qué es lo que yo...