Un caballo apostó con un pollino, para burlarse de él seguramente, a ver cuál de los dos desde el camino llegaba a la ciudad más velozmente. Hecha la apuesta, el asno fue derecho siguiendo su camino a paso lento, en tanto que el caballo satisfecho se reía del mísero jumento. "¡Infeliz!- -exclamaba-; si quisiera, ¡Qué pronto humillaría tu arrogancia! En cuanto empiece mi veloz carrera, salvaré en dos minutos la distancia." Y con esta esperanza satisfecho, de su fuerza y poder envanecido, se tendió a descansar en un barbecho, donde al instante se quedó dormido. Despertóse por fin, y apresurado, a galope veloz subió la cuesta; y en la ciudad el asno, descansado, vino a pedirle el precio de la apuesta. "¿Cómo? -dijo el caballo-, ¿con que es cierto que antes que yo llegaste? ¿Cómo ha sido? -Porque yo -dijo el asno-, fui despierto, mientras que tú, entre tanto, te has dormido. "Y en ello hiciste mal, según discurro; ...