No me gustan los museos llenos de gente pero tampoco me gustan vacíos. Ayer visité el Museo de la Biblioteca Nacional , reinaugurado el pasado 1 de febrero por la Directora del Centro, Rosa Regás, y nuestra apamelada Ministra de Cultura, Carmen Calvo , y apenas vi a dos personas más. Sin embargo vale la pena darse una vuelta por allí y que fructifique la idea de que se convierta en un lugar al que los colegios puedan llevar a sus alumnos. Este Museo ya no es la catacumba del libro que era antes, ese espacio bochornoso y oscuro donde el sonido de los documentales retumbaba en la sala abovedada y los niños querían salir corriendo porque más que a Caperucita aquel antro les recordaba a la boca del lobo. Yo lo visité con cierta frecuencia, sobre todo porque podía oir la voz de Valle-Inclán o la de Juan Ramón Jiménez o la de otros escritores en una fonoteca reducida. Este espacio museístico es distinto. Sigue siendo el libro su eje central pero cuenta con más luz, tiene muchas pan...