No me gusta que se siga adjetivando a Miguel Hernández como el poeta cabrero; es como si para referirse a Federico García Lorca , o a Pablo Neruda, o a Rafael Alberti, o a Juan Manuel Serrat, que lo ha adoptado como letrista suyo, se dijera, sistemáticamente, el poeta maricón, el poeta ferroviario , el poeta bodeguero o el cantante tornero fresador; ninguna de estas adjetivaciones suman; mas bien restan y, sin embargo, sigue siendo un lugar común añadir las cabras a la escritura de Miguel, dándole al término ese barniz de persona iletrada y autodidacta. La verdad, la verdad de la buena es que Miguel Hernández fue un buen estudiante, al contrario que Lorca , que fue, al principio, un zote, o que Alberti, que no logró terminar el bachiller elemental. Miguel Hernández sí lo terminó, con muy buenas calificaciones y medallas, que pueden verse estos días en la exposición conmemorativa que. sobre el autor levantino, le dedica la Biblioteca Nacional. Es cierto que parte de su formaci...